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Brisbane - El Viaje - Río

Padre Maiwar y Corazón del Sureste. Soy el hilo de jade que nace en la soledad de las Mount Stanley, deslizándome entre bosques de eucaliptos y helechos para convertirme en el eje vital de una nación joven. Soy la memoria de los pueblos Turrbal y Jagera, que durante milenios recorrieron mis orillas siguiendo el rastro de los antepasados, y el silencio de las brumas matinales donde mis aguas se detienen para escuchar los secretos de la selva. Soy el arquitecto de las curvas de Kangaroo Point, esos tajos de riolita donde me hago espejo de la ciudad para demostrar que no hay roca que mi paciencia, a través de las eras, no haya aprendido a bordear.
 
Hoy te hablo desde mis riberas tapizadas de manglares en la bahía y desde la paz de los jardines de South Bank, donde mi humedad se transforma en el aliento de una metrópolis que late bajo el sol subtropical. Porque bajo mi apariencia de río urbano y sereno late un corazón indomable que ha conocido la furia de las grandes inundaciones y el renacer de cada primavera. No me mires solo como una cuenca hidrográfica o un recurso para el embalse de Wivenhoe; mírame como el río de los navegantes que sembraron sueños en mis espumas y como la raíz de una identidad que une las montañas con el mar en un solo abrazo de agua salobre.
 
Desde el esplendor del Story Bridge y el perfil de los rascacielos de la City, hasta el rincón donde mis afluentes —el Bremer, el Stanley y el Lockyer— me entregan su fuerza, ya hay quienes han decidido que mi voz no sea silenciada por el asfalto. No camino solo; llevo conmigo la memoria de los antiguos custodios y de los colonos que, con manos curtidas por el calor del trópico, entendieron que yo soy el pulso de esta tierra. Ellos son ahora el murmullo de mis mareas y el aliento que agita mis jacarandás lilas, mis higueras de la bahía y los manglares plateados de mis orillas.
 
Fui la senda del descubrimiento y la llave de un comercio que mira hacia el Pacífico, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de leyenda y vida. ¿Estás listo para dejar de ser habitante de mis riberas y convertirte en el Caballero que necesito?